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miércoles, 4 de noviembre de 2015

La realidad ambigua de Hollywood: Charles Laughton y La noche del cazador

por Francisco Bravo*

Retomaremos nuestro Club de Cine con películas relevantes tanto para la historia cinematográfica como para otras áreas artísticas En esta primera sesión exhibiremos La noche del cazador (The night of the hunter) dirigida por Charles Laughton en 1953.


 Charles Laughton

En la Edad de Oro del cine clásico de Hollywood,  entre los años 1910 y 1960, se explotó el principio de la continuidad o ,en otras palabras, edición "invisible", estilo instaurado por el director D.W.Griffith. Este consistía en hacer la edición de tal manera que no se rompiera la continuidad de movimiento y de acción narrativa de la historia que se estaba contando en pantalla; de esta forma el espectador se involucraba tanto en la película que olvidaba por completo que estaba en un cine presenciando una ficción.

Este estilo de edición, ni más ni menos, es la base del éxito y el reinado de Hollywood hasta hoy(!). Dentro de esta film factory se creaban muchas películas en serie, sin mayor pretensión artística o expresiva; sin embargo, debido a la migración, existían muy buenos directores extranjeros que, a pesar de las exigencias comerciales de los productores, podían dar rienda suelta a su expresión artística a través del cine.


 Charles Laughton como Annex en Spartaco 1960, dirigido por Stanley Kubrick.

Alguno de esos directores fueron Friedrich Wilhelm Murnau, Fritz Lang, Erich von Stroheim y por supuesto Charles Laughton. Este último destacó particularmente por su trabajo actoral, siendo catalogado como uno de los mejores actores de su tiempo, protagonizando muchas películas de la época clásica de Hollywood con mucho éxito (Rebelión a bordo- 1935, La posada de Jamaica-1939, Espartaco-1960) No obstante, sólo se puso tras la cámara una sola vez, precisamente dirigiendo La Noche del Cazador. Su gran experiencia como actor le permitió juntar a un elenco de primera: Robert Mitchum, Lillian Gish, entre otros. Su dirección fue tan impecable que el resultado es un equilibrio perfecto entre la tradición narrativa de D.W. Griffith y el expresionismo alemán, muy parecido a lo que logró Orson Welles con ciudadano Kane. Sin embargo, la critica no entendió su obra y en la taquilla los números no ayudaron.

Después de La Noche del Cazador, Charles Laughton jamás volvería a dirigir-se especula una fuerte depresión- y sumido por el alcohol y las drogas, ya no apareció en ninguna película y ni siquiera siguió con su gran pasión, el teatro. Un día su representante lo fue a buscar a un pequeño departamento que arrendaba en una sucia calle de Los Ángeles, pero su casero le dijo que hace días que no lo veía. Cuando entraron, vieron la figura de Laughton colgando de una soga amarrada a una viga. Triste y solitaria fue la última etapa de uno de los actores mas grandes de la época dorada de Hollywood y un director que realizó sólo una película, pero vaya película, considerada hoy una joya perdida en las arenas hollywoodenses.


                                             Robert Mitchum en La noche del cazador


¿Cuánto de verdad y cuánto de ficción hay en todo lo que rodea la vida de Charles Laughton y su opera prima? Tendrán que venir al club de cine para averiguarlo.


*Francisco J. Bravo, alias Tentáculos, es ilustrador artístico de ALPES y diseñador gráfico del Instituto Duoc UC. Además de sus estudios formales, su interés en la imagen en todas sus facetas lo ha llevado a desarrollar una profunda apreciación del cómic a través de historietas y novela gráficas. Concibe el arte secuencial, sea cómic, manga, o novela gráfica, como la enriquecedora intersección entre la entretención y el arte. Dentro de esta cruza de intereses e inquietudes artísticos, se suman su obsesión por el cine y su pasión por la música. En sus clase de cómic y manga del Taller Estudio 112, Francisco espera estimular a sus alumnos a que busquen su propio trazo y temática en la creación de sus historietas, poniendo hincapié en la dedicación y paciencia necesaria para realizar tal proceso. Desde el 2015 es socio de TE112 a cargo de diseño. Coordina, además, el Club de Cine.


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miércoles, 7 de octubre de 2015

Poesía y Light Painting




La entrada de esta semana es muy especial. Le solicitamos a la profesora del Taller de Fotografía Digital Básica, Paula Molina Echegoyen*, que seleccionara algunas fotografías de sus alumnos. Ella escogió el trabajo de Andrés Obreque, en el cual practica exposición larga y light painting. El obturador permanece abierto durante algunos segundos y así se consigue plasmar el curso de la trayectoria de la luz, "dibujando" figuras con linternas y luces de colores frente a la cámara, dispuesta sobre un trípode.


Una vez seleccionadas las fotografías, le pedimos al profesor del Taller Permanente de Poesía, Francisco Martinovich**, que hiciera un ejercicio con las imágenes. Los talleristas tuvieron que escribir un poema relacionado con las fotografías. Francisco, finalmente, seleccionó el poema de Lucas Jaeger.



Este es el resultado.















Hasta que el obturador corte

déjala pasar, pasear;

dibújese su forma

arrastrada en la calle

luz que en mis ojos

no logro dar con el talle,

esta será la nueva norma

para ver lo que no veía.



Hasta que el obturador corte

luz arrástrate
para que seas línea.


Lucas Jaeger





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*Paula Molina Echegoyen es fotógrafa profesional egresada de la Universidad Arcis en el 2009 con estudios de Arquitectura y Diseño en la Universidad Católica y diplomada en Post Producción y Retoque Digital en la Academia Mac Pc 2014. Su obra se caracteriza por abordar el tema de la abstracción y lo pictórico en la fotografía a través de la observación introspectiva de las formas y objetos. En el 2012, Paula Molina Echegoyen pasa a formar parte del staff de artistas representados por la casa editorial y galería de arte francesa Ae-Editions con su serie La Vía Láctea . En Chile se incorpora al grupo de artistas de la galería Emergente, asociación que se plasmaría en la muestra colectiva 15 Emergentes en el 2012. Actualmente, se desempeña como docente y fotógrafa en Paula Molina E. Fotografía Profesional. Desde el 2013 es profesora del Taller Permanente de Fotografía Digital en Taller Estudio 112.

**Francisco Martinovich Salas es Licenciado en Letras Hispánicas (PUC) y Magíster en Literatura (UCh). Desde el año 2006 ha organizado y participado en múltiples ciclos y recitales de poesía. Ha participado en talleres con Rafael Rubio, Juan Antonio Massone y el Taller de Poesía de la Fundación Pablo Neruda, dirigido por Floridor Pérez y Jaime Quezada. En 2012 editó de manera independiente el volumen de poemas Lidia, reeditado por Yogurt de pajarito al año siguiente. El 2014 publicó su primer poemario: Sospecha de nada, por Gramaje Ediciones. Es profesor del Taller Permanente de Poesía del Taller Estudio 112.    


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martes, 22 de septiembre de 2015

La palabra como gesto mágico

por Klaus Poppe*



Trascendente a todo tiempo, a toda manifestación cultural, el humano, por su naturaleza, relata. Movido por la sed de explicaciones o por divertimento, en toda población humana los cuentos de fantasía enriquecen la tradición oral; juegos de imaginería  acompañados del sonido de las piedras o de una vara incandescente arrancada de la hoguera que no solo fortalecía las historias de misterio, sino que también proporcionaba veracidad a quien narraba. Ese hombre que sacude un atado de ramas de un lado al otro acompañaba su relato con una suerte de artefacto mágico primigenio: he ahí las raíces de la tradición chamánica de la magia.

El chamán no solo es un excelente narrador; también conoce los secretos que rigen la naturaleza. Sin ser descubierto, arroja tizón molido al fuego para animarlo ante los ojos atónitos de quienes escuchan: Exento de charlatanería, él cree que ese acto es verdadera magia, e infunde su creencia por medio de la palabra. Por primera vez presenciaríamos un relato acompañado de decepción,  deceptio, deceptionis:“engaño”, la palabra comprende su consecuencia y su fin por sí misma.

Un gran salto temporal. Los juglares teatralizaban sus actos con el fin de desligarse cuanto sea posible de la “magia real”, respuesta natural ante la  negativa de la época a toda manifestación relacionada a la hechicería o la brujería. Cualquier tentativa traía consecuencias mortales: “A la hechicería no dejarás que viva” (Éxodo 22:18). Estos magos y feriantes comenzarían a popularizar algunos de los gestos mágicos que caricaturizan el arquetipo del mago: “Abracadabra”, “Hocus Pocus”, “Presto Voilà”. Estas palabras no solo son florituras verbales, ellas suponen un preámbulo al efecto mágico, acreditan al mago como conjurador y crean un significativo aumento de tensión, previo al asombro. Se volverían de dominio popular, luego que en el siglo XIX Robert Houdin llevase la magia a grandes teatros y magos como Henri Alakazam y Harry August Jansen las ocupasen frecuentemente en sus espectáculos.

Hoy en día, transmutadas estas palabras a chasquidos, soplidos y adornos digitales, la magia ha dado paso a una relación con el lenguaje, lo cual supone un ardid más en el baúl tramposo del mago contemporáneo. Miguel Aparicio, un mago de Granada, España, realizaba un juego de apilamiento de dados (rutina de prestidigitación donde el ejecutante por medio de un vaso y un gesto de muñeca consigue apilar una serie de dados en vertical) ¿Cómo convertir esta rutina de corte habilidoso en magia pura? Aparicio decide usar solo la voz como medio. Terminado su acto, el cubilete queda boca abajo en la mesa, el mago se acerca al público y dice: Con cuatro dados hay mil jugadas  posibles, salvo una que es imposible”, luego levanta el vaso y efectivamente están apilados. Sin trampa alguna, se gana los aplausos de su público.


¡Se puede hacer magia solo con la voz!



El español Juan Tamariz, considerado unánimemente como el mago más importante de nuestra época, se presentaba normalmente en televisión y en radio. La pregunta siempre se repetía: ¿Puedes hacer  magia por  radio o es imposible? Ante el reto, ya a principios de los ochenta, Tamariz desarrolló una serie de juegos que presentaría en el aclamado programa Un, dos, tres: “Tocando el infinito” y “L´homme masqué”; en ellos eliminaba el factor del llamado telefónico, abriendo la posibilidad de leer, grabar y emitir 
magia, posteriormente, en cualquier momento y a cualquier distancia. Tamariz había inventado, en sus propias palabras, la “Verbimagia”.

En el año 2010, el mago chileno Juan Esteban Varela profundiza en esta idea y desarrolla un show de magia sin elementos. “From the dark” es un espectáculo de magia en completa oscuridad. Plantea un quiebre a los paradigmas sobre la habilidad del mago y descubre una posibilidad única en la historia, hacer magia para ciegos.

“Siempre y cuando una persona tenga la capacidad de imaginar, es posible estimular su fantasía con ficción. Siempre y cuando una persona tenga la capacidad de razonar, es posible intervenir su proceso de interpretación y crear un misterio. Siempre y cuando una persona tenga la capacidad de emocionarse, es posible convertir un juego de magia en una experiencia personal. La vista, como cualquier otro sentido es solo un medio: el propósito final de la magia es la emoción y el asombro”

Juan Esteban Varela, From the dark.


No hay mejor forma de esclarecer las dudas del lector que llevando a la práctica tanta teoría apresurada. Los dejo con la voz de Varela, una pequeña maravilla de su espectáculo para no videntes:


   


*Klaus Poppe es mago profesional con 10 años de trayectoria, miembro activo de la Hermandad Mágica de Chile desde el año 2008 y dueño de la tienda mágica Mr.Twisted. Premiado en las jornadas juveniles de la escuela de don Fernando Larraín, actualmente es reconocido nacionalmente por sus pares, gracias a su acto “los aros del artesano”. Es el profesor del Taller Permanente de Magia en Taller Estudio 112.

lunes, 24 de agosto de 2015

Playball

Por Ludo*







Ludo lleva gran parte de su vida escribiendo y dibujando. Estudió Ilustración Artística en la Escuela ALPES y Diseño gráfico en el Instituto Los Leones. Conoce muy bien los procesos de edición editorial, imprenta y gestión cultural. La contemplación, la fantasía y las historias en general son un deleite para él y más gratas son cuando van acompañada de algún "monito" que le invite a ser parte de lo narrado. No cree en los dibujos perfectos o en las imágenes hiper-realistas; para eso mejor sacamos fotos, ¿no? Es nuestro profesor del Taller Permanente de Cómic Manga.

jueves, 30 de julio de 2015

El Ojo Fotográfico: Ciudadanos armados


Estas declamaciones sobre la fotografía pretenden cosquillear puntos sensibles, a fin de provocar opiniones diversas y respuestas dispersas.

Por Katrina Pennington
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De un día para otro, todos amanecimos como fotógrafos. Pantalla en mano, corre por delante nuestro un flujo de imágenes cotidianas (comida, gatos, selfies) y eventos extraordinarios (protestas, noticias, tragedias). Por un lado democratización, expresión, y conciencia política. Por el otro, exceso, indiferencia y superficialidad.

El negativo de la foto concebida como objeto sin sentido es la fotografía pensada como acción de poder. Poder de adquisición: “tengo el iPhone 6S y se nota” o de juventud, “mírenme que aún estoy bello”. Poder de ubicación: “estoy en el aeropuerto camino a Cancún” o de conocimiento, “soy suficientemente inteligente para que esto me importe”. Poder de gusto, “¿te das cuenta que soy artístico?” o de indiferencia: “todo lo que no sale en mis fotos es por una decisión inversa sobre la expresión de mi inteligencia, gusto y experiencia del mundo”. 

Los científicos del conocimiento aseguran que disparamos y somos disparados miles de veces al día. Aunque nunca haya existido una foto neutra ni mucho menos silenciosa, ahora, entre tanto ruido moderno, las fotos se vuelven más desesperadas. En medio de esta guerra urbana, vale preguntarnos: ¿Qué fotografío y por qué? ¿Qué propongo, o me niego a proponer, con mis imágenes? ¿Cómo represento mi diálogo visual con el mundo? ¿Soy autocrítico con el vocabulario de mis imágenes? Por otro lado, como receptor, "presa", más que consumidor: ¿Me doy cuenta que la fotografía es una representación subjetiva y maleable de la realidad? ¿Cómo evalúo la mirada del fotógrafo; condescendiente, ingenua, comprometida? ¿Me importa la ética que rodea a la fotografía, o creo en el arte por el arte? Entre balas y sonidos de construcción, en el coro no hay voces unánimes.

Cada fotografía grita su historia visible y, al mismo tiempo, susurra su historia escondida fuera del encuadre. El auto-retrato compartido abarca y abraza los 97 anteriores que no tuvieron el ángulo, la luz ni el puchero preciso. La foto con la pareja insinúa las peleas de anoche y el intento de reconciliación. El retrato de protesta en 2015 esconde y revela las secuelas de 17 años de dictadura.

El problema con la fotografía, así como con la escritura, es que una vez que comenzamos a ver las fantasmas detrás del revelado, todo comienza a deshacerse. Las piezas de la máquina visual se vuelven visibles; las palabras se decepcionan de sí mismas. El selfie por el selfie ya no sabe igual. Terminaremos todos de manera precaria, evangélicos declamando en una plaza vacía. Entre cigarrillos y tiritones de frío, alguien se acordará de nuestras armas. Ahora cada compañero cuenta con un portal, por humilde que sea, para sacar la voz. Arte, política, periodismo, poesía, parodia. ¿Por dónde vamos? El vagabundo más endeudado se atreve a preguntar. ¿Democracia? ¿Revolución?

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domingo, 30 de junio de 2013

El Phantom "chileno" de F.W. Murnau

Fotograma con el título latino de "Phantom" (gentileza Cineteca Nacional de Chile)

Se trata de una copia perdida de la película "Phantom" de F.W. Murnau (1922). Esta joya del cine mudo había desaparecido por más de 80 años cuando se encontró --en la ciudad de Iquique el año 2007--, una copia original en buenas condiciones y con los teñidos originales. Luego de tres años de restauración, la película se estrenó en Chile por primera vez en 2011. Christian Maldonado, profesor de cine en el Taller Estudio 112, narra la historia de la película perdida y lo que significó el emocionante descubrimiento de esta única copia original para historiadores, cineastas, y aficionados alrededor del mundo.

El artículo se encuentra al siguiente link:

http://www.mabuse.cl/historia.php?id=86517#comentarios

Para más información sobre cursos de cine, consulta nuestra página web o comunícate con contacto@tallerestudio112.cl.

martes, 4 de junio de 2013

El armonioso delirio


"El armonioso delirio"
Autor: Mariano Dorr
En medio de una notable proliferación de sus textos en Argentina, Aisthesis se destaca como una de las obras más originales y al mismo tiempo simples en su propuesta, del filósofo Jacques Rancière. En base al análisis de quince escenas del arte, algunas notables, otras célebres, y otras más bien anónimas, recorre las principales preguntas acerca del origen, la esencia y la historia del arte.

Aisthesis Escenas del régimen estético del arte. Jacques Rancière Manantial 312 páginas
Existe una paradoja en la noción misma de “historia del arte”. Por un lado, parece ofrecer la posibilidad de compendiar y relatar los acontecimientos “artísticos” del pasado; al mismo tiempo, tanto la historia como el arte (al menos tal como entendemos estos términos hoy) aparecen en Occidente recién a fines del siglo XVIII. Esta particularidad se pone de manifiesto en el nombre de la disciplina que se ocupa de reflexionar sobre lo propio del arte: la estética. Antes que referirse al arte, “estética” (aisthesis, en griego) designa el ámbito de la sensibilidad, lo sensible o los sentidos. Ahora bien, desde hace dos siglos, llamamos estética al modo conforme al cual “percibimos cosas muy diversas por sus técnicas de producción y sus destinaciones como pertenecientes en común al arte. No se trata de la recepción de las obras de arte. Se trata del tejido de experiencia sensible dentro del cual ellas se producen”, escribe Rancière en el Preludio. El régimen estético del arte es entonces el conjunto de condiciones materiales de aparición –de representación, exposición, circulación y reproducción– que “hacen posible que palabras, formas, movimientos y ritmos se sientan y se piensen como arte”. Lo que le interesa a Rancière es estudiar los modos de constitución y transformación de este régimen de percepción, sensación e interpretación del arte justo allí donde la obra parece oponerse a la idea del arte bello.
Las escenas que componen el libro dan cuenta de esta ruptura: Rancière no se ocupa en ellas del arte más representativo de cada época o movimiento sino de obras, de algún modo, laterales, configurando lo que llama una “contrahistoria de la modernidad artística”. Ni siquiera se ocupa estrictamente de las obras en particular; la operación de Rancière consiste más bien en leer atentamente lo que otros han escrito (no sin fascinación) sobre determinadas obras, dando lugar a estas “transformaciones” o puntos de inflexión en el régimen estético del arte. En este sentido, explica qué entiende por escena: “No es la ilustración de una idea. Es una pequeña máquina óptica que nos muestra el pensamiento ocupado en tejer los lazos que unen percepciones, afectos, nombres e ideas, y en constituir la comunidad sensible que esos lazos tejen y la comunidad intelectual que hace pensable el tejido”.
En la primera escena (“La belleza dividida”), Rancière lee un fragmento de la Historia del arte en la Antigüedad, de Johann J. Winckelmann, publicado en 1764, donde el historiador del arte escribe sobre el Torso de Hércules, una obra que sería la máxima expresión de “la época más alta del arte”. Sin embargo, dice Rancière, lo que muestra esta obra no es exactamente un Hércules vencedor, atleta y luchador, sino “un cuerpo sentado, carente de miembro alguno que sea apto para una acción de fuerza o de destreza”. Si algunos habían intentado “completar” la obra, Winckelmann parece convertir la falta en virtud. Es un héroe sin piernas, no puede ir a ningún lado; no tiene brazos con los que luchar. ¿Está pensando? Pero… tampoco tiene cabeza. Es apenas un torso inclinado, en reposo: “Ya no es más que puro pensamiento, pero los únicos indicios de esta concentración son la curva de una espalda que supone el peso de la reflexión, un vientre que se muestra inepto para cualquier función alimentaria y unos músculos que no se tensan para ninguna acción, y cuyos contornos se derraman unos en otros como las olas del mar”, escribe Rancière. Aquí se encuentra un quiebre con la idea de un arte entendido como automatismo calculado para la maximización de un efecto. Winckelmann abre el camino de la disociación entre forma, función y expresión (hacia la inexpresividad, la indiferencia o la inmovilidad en el plano estético).
En “Los pequeños dioses de la calle”, la escena comienza con un texto de las Lecciones de estética de Hegel, en donde dos pinturas de Murillo (dos niños pobres comiendo melón y uvas; una mujer despiojando a un niño) son comparadas por Hegel con un muchacho pintado por Rafael. Lo primero que llama la atención es cómo Hegel comenta su paseo por la galería de arte, el lugar en el que efectivamente conviven distintas obras, hechas en distintas circunstancias y por distintos artistas (una verdadera novedad, a comienzos del siglo XIX, cuando Hegel imparte sus lecciones). Lo que era casi inmovilidad en el Torso de Hércules, ahora en los niños de Murillo es despreocupación: “un total abandono”, pleno de salud y alegría de vivir. En el caso de la obra de Rafael (mal atribuida), Hegel dice que la cabeza del joven descansa ociosa “con tamaña felicidad de gozo despreocupado que uno no puede cansarse de contemplar esta imagen”. La felicidad de los niños pobres de Murillo y del muchacho “de Rafael” es para Hegel “casi similar a la de los dioses olímpicos”. No hacen nada, no dicen nada. Mirándolos, dice, “tenemos la idea de que de tales jóvenes podemos esperarlo todo”. Y esto –paradoja todavía vigente– dicho por el filósofo que enseñó que el arte era cosa del pasado. En esa esperanza de Hegel, Rancière encuentra el camino de un arte del futuro (de Hegel), nuestro arte contemporáneo.
En la tapa de Aisthesis aparece la imagen de una bailarina, se trata de Loïe Fuller, la norteamericana que actuó y patentó la “danza serpentina” a la que Rancière dedica una de sus escenas: “La danza de luz”. Aquí el texto leído es una nota de Stéphane Mallarmé publicada el 13 de mayo de 1893 en el National Observer a propósito del espectáculo de Fuller en el FoliesBergère. Mallarmé escribe que “la bailarina se embelesa, es cierto, en el baño terrible de las telas, flexible, radiante, fría, e ilustra tal o cual tema circunvolutorio al que tiende la pirueta de una trama desplegada a lo lejos, pétalo y mariposa gigantes, caracola o marejada, todo de orden nítido y elemental”. Según Mallarmé, lo que brota de los movimientos de Fuller es “el arte” soberano, el “armonioso delirio”. En los movimientos de la mujer oculta entre las telas que ella misma pone en acción, Mallarmé (y no fue el único) creyó encontrar el origen de una nueva idea del arte; Fuller es la artista que hace de su cuerpo el escenario y la materia misma para la invención de nuevas formas.
El libro contiene quince escenas, en cada una de ellas (sobre el cine de Dziga Vertov, el arte decorativo como arte social, Charles Chaplin visto por Víktor Sklovski o Rodin estudiado por Rainer Maria Rilke) Rancière despliega su arsenal de conceptos y motivos metodológicos para ofrecer una respuesta amplia y siempre abierta a la pregunta sobre lo que es y lo que hace el arte.
Notas:


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jueves, 23 de mayo de 2013

Lectura de Cuento y Poesía

El pasado jueves 16 de Mayo, a eso de las 19:30 horas, dimos inicio a una lectura de Cuento y Poesía, en donde los alumnos del Taller Estudio 112 tuvieron la oportunidad de leer sus creaciones en torno a una velada íntima. Cada uno, en el  proceso, descubrió los diversos estilos y la evolución que han tenido durante su estadía en el taller. El intercambio de conocimientos y la puesta en escena permitió generar una atmósfera agradable.


Taller Estudio 112 realizará actividades como esta para que sus alumnos tengan la oportunidad de mostrar sus obras y que los asistentes conozcan de cerca el trabajo que realizan las encargadas de dictar los talleres en el área de Literatura.

Algunos integrantes del Taller de Poesía, dictado por Lina Bilbao

Parte del Taller de Narrativa, dictado por Jean Véliz D´Angelo


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